Mi carta para ti

Querido cómplice,
Todo en la vida suele resolverse de una manera distinta a lo que esperamos. En muchas ocasiones, independiente de nuestros deseos, de la energía y el dolor que pongamos en ello. Con esto quiero decir que practicamente cada proyección perjudicial que alimentes, no sucederá. Cada preocupación a la que des alas, no contribuirá positivamente a arreglar el conflicto que te aflige.
Así, mi consejo, que sirve para absolutamente todo lo que de ahora en adelante enfrentarás es el de soltar. Suelta! Suelta la preocupación, el miedo. Suelta las pesadillas, las proyecciones, los malos pensamientos. Suelta. Suelta a las personas. Aquellas que desean estar, permanecerán. Aquellas que quieren marcharse, lo harán irremediablemente. Soltar es la mejor manera de acercarte al Yo. Soltar es aprender a vivir en el desapego.

En tu camino de desapego, has de cuidar de ti y de tus emociones. Permitiendo que sucedan, sin recrearte en ellas, tan sólo observando a qué responden, por qué aparecen y dejarlas estar. Lo más importante, hacerlo sin exigencias ni imposiciones. Permítete sentir. No hay emociones malas, tan sólo aquellas de las que aprender. Sé gentil contigo, compasiva/o, con tu modo de sentir. No culpes. Agradece. Qué? Agradece estar viva/o. Poder sonreír. El sol. Un buen desayuno. Una ducha caliente. Un recuerdo. Disfrutar de las preciosas playas de Cádiz, de los atardeceres de Sierra Nevada, del mirador de San Nicolás, de un recuerdo, de la canción que te ha atrapado sin querer, de aquellos ojos que guardan ternura, de las arruguitas del espejo, de las primeras lluvias del otoño… Somos tan afortunados y al mismo tiempo tan poco conscientes. Sé comprensiva/o con tu estado de ánimo. Permítete ser y sentir. No bloquees. Acepta. En la aceptación de tu persona está el éxito de la felicidad. La felicidad entendida como paz interior y amor hacia lo que haces y eres.
Cuando debas tomar una decisión, trata de alejar toda emoción. Que tu respuesta esté llena de tu esencia. La esencia de Yo verdadero. Cómo hago esto? Respira, profundo, unos minutos. Imagina a Yo del futuro. Aquella/aquel que observa el pasado desapegado de la emoción. Que sólo sigue sus principios, su criterio. Ella/Él debería estar de acuerdo y orgulloso con la determinación que tomes. En la medida en que sigas las pautas de tu corazón, tu decisión estará bien tomada.

Hemos de aprender también a equivocarnos. Si esto sucediera, acepta que eres humana/o, que has trabajado por hacerlo lo mejor posible y lo fundamental del tema, que los tropiezos enseñan mucho más que los éxitos. Acepta. Todo. Lo bueno y lo malo. Porque en la resistencia existe la exigencia, el dolor. En la aceptación está el amor hacia ti misma/o. Recuerda que aceptación no es resignación. Aceptar un hecho no es ceder ante algo irremediablemente molesto. Aquí hay resistencia. Aceptar es recibir voluntariamente la realidad sin oponerte, ya que en la oposición está la angustia. Piensa en lo contrario, oponerte a un hecho, a algo que ya es. Además de contraproducente, es doloroso. Lo ves?

Como conclusión, me gustaría que te quedaras con esto, la terapia por excelencia para todo es sonreír. Sonreír con ganas, pero también cuando no las haya. Cuando lo haces, tu energía (entendida como estado de ánimo) cambia, tu perspectiva cambia. Cuando sonríes resulta más fácil ser comprensiva/o, amable, aceptar el presente. Sonríe y verás que el mundo se ilumina y tú te iluminas con él.

Gracias por la ternura que de algún modo le pones al mundo.

Un besico,

Belén

1 comentario en “Mi carta para ti”

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